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Universidades de Honduras comprometidas a transversalizar tema ambiental en todas las carreras profesionales

La contraposición de visiones y prácticas entre los profesionales con formaciones orientadas a la producción y aquellos provenientes de las ciencias naturales, es una situación que ocurre en la mayor parte del mundo cuando se habla de medio ambiente y de la conservación de los recursos naturales.

En Honduras, donde tal divergencia de visiones no es una excepción, por largos años la mayor parte de las universidades han estado formando profesionales para hacer un eficiente uso de los recursos en procesos productivos e industriales bajo premisas de mayor rentabilidad y competitividad de precios, pero no necesariamente desde la perspectiva de la calidad y la sostenibilidad en términos ambientales. En la medida que la conciencia ambiental ha aumentado, la educación superior o universitaria en Honduras ha venido buscando la manera de responder a la necesidad de formar profesionales más concientes sobre los problemas ambientales.

Como parte de esas respuestas ante las necesidades ambientales de la sociedad, algunas universidades crearon carreras especializadas en temas ambientales, como la carrera de ingeniería ambiental. Otras, dieron como respuesta la creación de la asignatura de Educación Ambiental que se imparte como materia optativa, es decir, para que sea cursada a voluntad de los estudiantes. Sin embargo, la conciencia ambiental del ejercicio profesional no parece haberse incrementado: la tasa de deforestación es de 86,000 hectáreas anuales, según la FAO, como ejemplo, entre otros indicadores que hablan de la poca visión de sostenibilidad con la que los profesionales están integrados a las actividades productivas. En otras palabras, una asignatura de educación ambiental no ha sido suficiente, precisamente por la opción voluntaria de cursarla, por un enfoque por lo general conservacionista, como por la inmadurez del estudiante al recibir conocimiento ambiental al inicio de la carrera universitaria que le dificulta comprender la aplicación práctica en cada una de las carreras profesionales.

En 2005, el Proyecto Manejo Integrado de Recursos Ambientales de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID/MIRA) se propuso la tarea de mejorar el currículum de las escuelas y las universidades. La tarea ha tomado tiempo, pero ha dado resultados muy alentadores: la Secretaría de Educación está implementando el uso de guías metodológicas de educación ambiental para ayudar a los docentes a que impartan temas ambientales dentro de asignaturas como ciencias sociales y ciencias naturales, en un inicio, para luego hacerlo extensivo a todas las áreas de estudio. En el nivel universitario, la incidencia en la política educativa comenzó también en 2005, con el impulso de un comité ambiental interuniversitario denominado CICA (Comité Interinstitucional de Ciencias Ambientales).

El CICA comenzó con ocho universidades en su inicio y, a la fecha, cuenta como miembros a 19 de un total de 20 que existen en el país, entre privadas y públicas. Con el apoyo de USAID/MIRA y otras instituciones con intereses en la ciencia y la educación, el CICA ha venido desarrollando una labor de concienciación y actualización sobre la temática ambiental desde la óptica del desarrollo sostenible y la competitividad, mediante foros, talleres y seminarios orientados a ampliar criterios entre los docentes universitarios. En seguimiento a los principios y objetivos de su carta de creación, el CICA se propuso transversalizar el tema ambiental como un eje en la educación superior universitaria en la currícula de todas las carreras.

Para la transversalización el CICA se propuso obtener el apoyo institucional de cada universidad al más alto nivel, por lo que el 12 de agosto consiguió que los rectores de las 20 universidades del país se reunieran en el valle del Yegüare, en el campus de la Escuela Agrícola Panamericana “Zamorano” para firmar la Declaratoria en la que se comprometen a realizar voluntariamente el proceso para que el tema ambiental sea un eje transversal en la educación superior universitaria. Este acto, sin precedentes en la historia educativa de Honduras, contó con la presencia de educación, ciencia y tecnología, y ambiente y recursos naturales.

Ciertamente la tarea más dura está por venir; es decir, el trabajo técnico-metodológico en materia curricular, el desarrollo de procesos participativos de adecuación curricular en los que se vean envueltos profesores de áreas supuestamente no relacionadas a los temas ambientales, y lograr que los nuevos graduados universitarios de Honduras, de cualquier carrera, lleven una vida profesional con visión de sostenibilidad ambiental. Mientras esto ocurre, cada universidad está impulsando un comité interno, vinculado al CICA, para desarrollar acciones inmediatas de concienciación y práctica en áreas como la investigación, la vida institucional misma de las universidades y la extensión, o trabajo con la comunidad.

Como es de comprender, este es un caso de éxito en materia de incidencia en políticas públicas cuyo proceso continúa. Sin embargo, vale la pena relatar el camino recorrido para motivación de unos y esperanza de todos los que trabajamos por mejorar las condiciones ambientales de nuestro planeta.

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